La Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez celebró una nueva sesión en la tarde del jueves 5 de noviembre de 2026 con la conferencia: «Un taller jerezano en La Rábida: el mudejarismo estético del primer duque de Medina Sidonia», pronunciada por el historiador y profesor Fernando López Vargas-Machuca. La apertura de la sesión corrió a cargo de Francisco Antonio García Romero, vicepresidente de letras de la Academia, y tuvo lugar en la antigua sede de la institución, en la Sala Pescadería Vieja. Los presentes pudieron disfrutar de una disertación que profundizo en el protagonismo que alcanzó Jerez de la Frontera como centro de creación y difusión artística durante buena parte del siglo XV, así como en su influencia sobre algunas de las construcciones más significativas de la Baja Andalucía.
La presentación del conferenciante corrió a cargo de Eugenio Vega Geán, académico de Número y secretario general de la real corporación, quien destacó su doble condición de historiador y docente, subrayando que ambas facetas respondían no solo a su formación académica, sino también a una profunda vocación personal. Vega Geán puso en valor su trayectoria investigadora, especialmente sus aportaciones al conocimiento del patrimonio histórico y artístico medieval, así como su compromiso con la divulgación cultural. En este sentido, se refirió a López Vargas-Machuca como un maestro que había sabido trasladar su conocimiento tanto a las aulas como al conjunto de la ciudadanía, agradeciendo igualmente su permanente colaboración con la institución académica.

Al comienzo de su intervención, Fernando López Vargas-Machuca reivindicó precisamente su condición de profesor por encima de su faceta investigadora. «Me siento ante todo un docente, con mucho orgullo», afirmó, antes de poner en valor la contribución de los profesores de enseñanza secundaria al conocimiento de la historia y del patrimonio de Jerez. Esta reflexión le sirvió para introducir una de las principales ideas de su exposición: la necesidad de superar la consideración de la ciudad como un centro artístico periférico y dependiente de otros focos culturales. «Jerez no es meramente un centro receptor de formas que llegan de otros lugares», sostuvo el historiador, quien defendió que la ciudad se convirtió también en un importante foco creador e irradiador de tendencias artísticas.

«Yo durante 30 años, de manera muy relajada y sin mucho tiempo disponible, he intentado aportar algunas cosas», explicó el investigador, quien resumió el sentido de sus estudios en una afirmación especialmente significativa: «Jerez va a ser una punta de lanza en el arte de la Baja Andalucía durante un periodo concreto, que iría de final del siglo XIV a los años 60 del siglo XV». Para explicar esta realidad, López Vargas-Machuca situó a los asistentes en el contexto artístico del siglo XV, caracterizado por la convivencia de distintas corrientes estéticas y por importantes transformaciones culturales. El conferenciante destacó la singularidad de Jerez como ciudad fronteriza con el reino nazarí de Granada, una circunstancia que favoreció el intercambio de ideas, técnicas y sensibilidades artísticas. «Una frontera en la que hay enfrentamientos y hay convivencias, en la que hay fluidez, hay transmisión de ideas, hay transmisión de estéticas», señaló. Tras la estabilización política de la región, la ciudad experimentó un desarrollo que propició la consolidación de talleres especializados, favorecidos también por la disponibilidad de piedra de la Sierra de San Cristóbal y por los contactos con otras tradiciones artísticas europeas.

«La consecuencia de todo ello es un lenguaje híbrido», explicó López Vargas-Machuca, que definió como una combinación de «la tradición del gótico castellano que había llegado en el siglo XIII, la tradición mudéjar y las novedades del gótico tardío». Esta síntesis dio lugar a una arquitectura gótico-mudéjar de características singulares, en la que convivían elementos de tradición románica, motivos ornamentales de ascendencia islámica y soluciones constructivas propias del gótico tardío, algunas de las cuales aparecieron en Jerez de forma paralela e incluso anterior a su implantación en Sevilla.
Como ejemplos de esta singularidad arquitectónica, el conferenciante se detuvo en la iglesia de San Dionisio y la Torre de la Atalaya, dos construcciones que, según su interpretación, pudieron estar vinculadas a un mismo taller. En ellas identificó elementos de diferentes tradiciones artísticas que evidenciaban la riqueza de un lenguaje arquitectónico propio. López Vargas-Machuca defendió, asimismo, la posible atribución de la Torre de la Atalaya, construida hacia mediados del siglo XV para albergar el primer reloj público de la ciudad, a Alfonso Benítez, maestro mayor del alarifazgo jerezano.

El historiador relacionó esta construcción con la portada principal de la iglesia de Santa María de la O, en Sanlúcar de Barrameda, cuya ejecución también consideró atribuible a Alfonso Benítez. «Una portada absolutamente ecléctica que nos habla de los gustos de la nobleza en estos momentos», afirmó, al referirse a la combinación de elementos mudéjares, románicos y tardogóticos presentes en su ornamentación. En su opinión, la vinculación del maestro jerezano con esta obra resultaba especialmente coherente con los intereses de Juan Alonso Pérez de Guzmán, primer duque de Medina Sidonia, quien habría recurrido a un arquitecto de confianza para llevar a cabo una construcción de notable relevancia para su casa nobiliaria.
En este sentido, López Vargas-Machuca profundizó en la convergencia entre las sensibilidades mudéjar y tardogótica, que compartían una especial inclinación por la riqueza ornamental. Siguiendo las aportaciones del historiador Juan Carlos Ruiz Souza, explicó que ambas tradiciones, lejos de entenderse como manifestaciones artísticas contrapuestas, confluyeron en numerosas construcciones castellanas del siglo XV. Esta interpretación permitió al conferenciante abordar también una singularidad de la portada sanluqueña: la disposición de los escudos heráldicos de Juan Alonso Pérez de Guzmán y su esposa, cuya colocación había suscitado distintas explicaciones entre los investigadores.

A partir de una hipótesis planteada por Antonio Romero Dorado y de estudios sobre la influencia cultural mozárabe en la catedral de Toledo, López Vargas-Machuca apuntó la posibilidad de que la disposición de estos elementos respondiera a una lectura de derecha a izquierda, propia de la tradición árabe. No obstante, insistió en el carácter provisional de esta interpretación. «Esto es meramente una hipótesis de trabajo», advirtió, al considerar que la influencia de la cultura mudéjar en los ambientes nobiliarios de la época abría nuevas posibilidades para el análisis de la portada.

La figura de Juan Alonso Pérez de Guzmán adquirió así especial relevancia en la exposición, tanto por su vinculación con los talleres artísticos jerezanos como por sus inquietudes culturales. El historiador destacó que el primer duque de Medina Sidonia perteneció a un ambiente nobiliario en el que las manifestaciones artísticas desempeñaron un papel destacado, una circunstancia que ayudaba a comprender su interés por determinadas soluciones arquitectónicas y ornamentales y su relación con los maestros que trabajaron en Jerez durante el siglo XV.