La Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras acogió en la tarde del martes 5 de mayo una nueva sesión académica con motivo de la apertura del ciclo «El vino de Jerez y la gastronomía», protagonizada por el periodista Eugenio Camacho López de Carrizosa, quien ofreció la conferencia titulada «Desde la capital gastronómica de España 2026». El acto contó con la presentación de la académica María del Carmen Borrego Plá.
En su intervención inicial, Borrego Plá subrayó el carácter especial de la jornada, destacando tanto la trayectoria profesional del conferenciante como la relación personal que les une desde hace años, en un contexto en el que —según señaló— no siempre es fácil mantener la amistad en entornos de competencia. Asimismo, puso en valor la designación de Jerez como capital gastronómica en 2026, felicitando al Ayuntamiento por el acierto de la iniciativa y a la propia Academia por su implicación en un proyecto que consideró de gran interés cultural y social, confiando en que tenga continuidad más allá de este año.

La presentadora quiso además centrar su intervención en lo esencial, reivindicando que «el protagonismo es del ponente» y evitando una exposición excesiva de méritos, al entender que la trayectoria de Eugenio Camacho habla por sí misma. No obstante, destacó su dilatada experiencia en medios de comunicación —desde ABC a la Cadena SER, pasando por Canal Sur o 7TV—, así como su labor al frente del programa «A boca llena», que ha contribuido a situar la gastronomía y la hostelería de la provincia en el centro del relato mediático. Subrayó igualmente su claridad expositiva y su capacidad para comunicar con sencillez conceptos complejos, alejándose de artificios innecesarios, así como la idoneidad de su perfil para abordar una conferencia que, más allá de describir platos, se adentra en el porqué de la cultura gastronómica.

Ya en su disertación, Eugenio Camacho agradeció a la Academia la invitación a participar en una tribuna que definió como «baluarte del pensamiento y la cultura de nuestra tierra», reconociendo la responsabilidad que supone ocupar un espacio por el que han pasado figuras de gran relevancia. Se presentó como «un humilde periodista, un cronista de proximidad», más que como un crítico gastronómico, reivindicando la vocación de servicio como eje de su trabajo y como herramienta para orientar al público en el contexto de la capitalidad gastronómica de Jerez 2026.
Lejos de plantear una exposición centrada en la enumeración de platos o en la evocación sensorial, el conferenciante propuso un ejercicio de reflexión crítica sobre el presente y el futuro del sector. Advirtió de que el momento de éxito que vive Jerez debe analizarse con profundidad, evitando la autocomplacencia, ya que «la complacencia es el enemigo natural del progreso». En este sentido, defendió la necesidad de examinar qué legado debe dejar esta capitalidad, invitando a un análisis introspectivo sobre lo que la ciudad ha sido, lo que es y lo que aspira a ser.

Camacho situó el caso de Jerez en el contexto global, describiendo una gastronomía en transformación donde el acto de comer trasciende lo puramente alimenticio para convertirse en una declaración de intenciones política, ambiental y tecnológica. Entre las principales tendencias, destacó el auge de la alimentación basada en plantas, el papel creciente de la ciencia en la cocina —especialmente en relación con el microbioma—, la exigencia de transparencia por parte del consumidor y la integración de la tecnología en la experiencia gastronómica, hasta el punto de que el éxito de un restaurante ya no se mide solo por sus reconocimientos, sino también por su huella de carbono y su capacidad de contar una historia con identidad.
En el ámbito nacional y local, el periodista puso en valor la evolución de la dieta mediterránea hacia un modelo más sostenible y adaptado a los desafíos actuales, al tiempo que alertó sobre fenómenos preocupantes, como la caída del consumo de pescado en los hogares españoles, atribuida al incremento de precios, al cambio de hábitos y a la preferencia por productos más inmediatos. Frente a ello, defendió la riqueza del recetario tradicional jerezano y su capacidad de adaptación, señalando que la dieta mediterránea ya no puede entenderse únicamente como una lista de ingredientes, sino como un sistema que debe ser saludable tanto para las personas como para el planeta.

Camacho profundizó en el valor de la cocina tradicional jerezana como ejemplo de sostenibilidad mucho antes de que el concepto se popularizara. Recordó cómo la gastronomía local ha sabido «dar gloria a lo que otros tiraban», reivindicando productos humildes y la cocina de aprovechamiento como una lección vigente para las nuevas generaciones. En este sentido, defendió la recuperación de la casquería y de platos que han ido desapareciendo de las cartas, como los riñones al Jerez, apelando a «indultarlos en el ruedo del olvido» y a enseñar a los jóvenes que cocinar con inteligencia —transformando un mismo alimento en varias elaboraciones— es tanto una cuestión económica como cultural.
El periodista puso también el foco en los tabancos como pilares de la identidad jerezana, definidos no solo como espacios de consumo, sino como auténticos centros de resistencia cultural y convivencia intergeneracional. Lejos de ser simples despachos de vino, los describió como «universidades abiertas» donde se transmite conocimiento de forma natural y donde la juventud encuentra algo que no ofrecen otros modelos de ocio: pertenencia. En ellos, señaló, el vino de Jerez se convierte en un «lujo democrático» que permite acceder a productos de alta calidad a precios asequibles, en un modelo que, además, responde a criterios de sostenibilidad y economía circular.
Además, Eugenio abordó el papel de la tecnología como aliada inesperada en la recuperación de la tradición gastronómica. Destacó cómo las redes sociales, las aplicaciones de aprovechamiento de alimentos y las herramientas de inteligencia artificial están facilitando que los jóvenes redescubran recetas tradicionales y optimicen sus hábitos de consumo. Frente a una gastronomía superficial marcada por la inmediatez digital, defendió una vuelta consciente a las raíces, en la que la tecnología no sustituye la memoria culinaria, sino que la rescata y la adapta al presente, situando a la cocina jerezana en un equilibrio necesario entre tradición, sostenibilidad y futuro.
La conferencia concluyó con una mirada optimista pero exigente hacia el futuro, en la que el vino de Jerez y su ecosistema gastronómico se presentan como una oportunidad única, pero también incidió en las dificultades laborales del sector, la falta de herederos o la insuficiente mano de obra con formación que sufre la gastronomía de la provincia de Cádiz.