​El salón de sesiones de la Real Academia de San Dionisio, de Ciencias, Artes y Letras abría sus puertas tras el pequeño parón provocado por la Semana Santa y lo hacía con una conferencia ligada a los asuntos religiosos. Y es que en esta ocasión el protagonismo era para San Francisco de Asís, que llegaba al salón académico de la mano del doctor Javier Gómez Vallecillo, abogado en ejercicio y hermano consagrado de la orden franciscana seglar, es un reconocido jurista especializado en Derecho de las personas con discapacidad, Derecho laboral y Derecho deportivo, como así lo atestigua su trayectoria y su amplia obra escrita.

En la sesión presidida por el Excmo. Sr. Don Joaquín Ortiz Tardío, fue el Ilmo. Sr. Don Antonio Millán Garrido, académico de número y vicepresidente de Ciencias de la Corporación, el encargado de realizar la presentación del conferenciante, del que no sólo realizó una profunda radiografía profesional y curricular, sino que además repasó algunas de las vivencias del doctor Gómez Vallecillo con la orden franciscana.

Posteriormente sería el Dr. Don Javier Gómez Vallecillo el encargado de tomar la palabra para desarrollar la «Presencia franciscana en Jerez de la Frontera», título de su conferencia.

El abogado cordobés puso de relieve que la realidad religiosa es incontestable. La sociedad vive en la era cristiana y son constantes los signos que evidencia una más que palpable cultura religiosa. Dicha cultura religiosa comporta además múltiples y variopintas facetas que van de desde las más espontáneas expresiones espirituales, individuales o colectivas, hasta el más refinado arte sacro,  música, canto espiritual y tradiciones populares que se manifiestan tanto en rituales sacramentales, como en fiestas paganas; sin olvidarnos de su vertiente gastronómica y todo cuanto dan de sí costumbres del  arte de la cocina popular, convertidas en clásicos, como la preparación de pestiños, roscos o huesos de santo.

Dicha tradición popular se ha ido forjando a lo largo de la historia de la mano de personas e instituciones especialmente iluminadas, inspiradas y sensibles, reconocidas por su poder transformador. Tanto, que han conseguido construir una realidad material concreta y específica, objeto de veneración y culto por todo tipo de estamentos sociales, difundida por los más amplios lugares que se pudiera imaginar.  

Este es el caso de determinados santos y las congregaciones religiosas por ellos constituidas, cuya difusión e implantación en los diversos puntos de la geografía han dejado una huella indeleble allí donde se han instalado y predicado su mensaje. 

Unos de estos santos especialmente iluminado ha sido San Francisco de Asís. Considerado por la comunidad cristiana como el santo más humilde. Su historia y espiritualidad han marcado un referente histórico-religioso, que ocho siglos después de su fallecimiento, permanece vivo. 

Este enjuto y vivaracho santo vino a nacer en una localidad del centro de Italia, de la región de Umbría, como es la ciudad de Asís, convertida hoy en una ciudad conocida a nivel mundial como destino turístico de peregrinación, por ser considerado un centro espiritual y de paz, por ser el lugar en el que nacieron y murieron San Francisco y Santa Clara, y surgió de la Orden Francisca de Frailes Menores.

El Santo de Asís, también conocido como el Poverello de Asís, consiguió extender su ministerio y carisma por todo el mundo. Su fama de santidad y divina sencillez, que merecieron al Buen Hacedor el don de la estigmatización, se ha dejado sentir en infinidad de ciudades, pueblos y enclaves. Lugares todos desde los cuales los franciscanos han dado y continúan dando constante testimonio de vida consagrada, amor al prójimo y permanente dedicación a la sociedad. De dicho bondad también Jerez de la Frontera es testigo fiel desde hace siete siglos.