El salón de sesiones de la Real Academia de San Dionisio, de Ciencias, Artes y Letras albergaba su última cita del curso con la conferencia «La materia farmacéutica en la obra de Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), Doctora de la Iglesia Católica», ofrecida por la Ilma. Sra. Doña Paloma Ruiz Vega, académica de número de esta corporación.

Tras la presentación del Excmo. Sr. Don Joaquín Ortiz Tardío, académico de número y presidente de esta academia, tomaba la palabra la conferenciante para centrarse en la figura de Hildegarda, nacida en Bermersheim en el valle del Rin, actualmente Renania-Palatinado en Alemania, en el seno de una familia noble alemana acomodada. La biografía de Santa Hildegarda (1098-1179) coincide con un intenso período de la historia de la civilización occidental. Considerada por los especialistas actuales como una de las personalidades más fascinantes y polifacéticas del Occidente europeo, se la consideró una de las mujeres más influyentes de la Edad Media, entre las figuras más ilustres del monacato femenino, y quizá la que mejor ejemplificó el ideal benedictino, dotada de una cultura fuera de lo común, comprometida también en la reforma de la Iglesia, y una de las escritoras de mayor producción de su tiempo.

El 7 de octubre de 2012 el papa Benedicto XVI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia junto a san Juan de Ávila durante la misa de apertura de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los obispos. Paloma Ruiz recuerda que cuando abordó una figura tan compleja como la de Hildegarda de Bingen, se sintió profundamente atraída. Esta sorprendente mujer destacó por su capacidad visionaria, lo que impregnó toda su obra.

En 1141, a la edad de cuarenta y dos años, sobrevino un episodio de visiones más fuerte, durante el cual recibió la orden sobrenatural de escribir las visiones que en adelante tuviese. A partir de entonces, Hildegarda escribió sus experiencias, que dieron como resultado el primer libro, llamado Scivias (“Conoce los caminos”), que no concluyó hasta 1151.

Además de su condición de visionaria, mística, lingüista, poetisa, artista, musicóloga, biógrafa, teóloga y consultora espiritual fue una de las escasas predicadoras en la historia de la iglesia. Conocida como "la Sibila del Rhin" fue consultada por papas y gobernantes.

La Sibila del Rhin, la profetisa, la secretaria de Dios, la primera mujer médico alemana y la primera mujer en publicar textos médicos, la respetada abadesa, la luz de su pueblo y de su tiempo: estos son algunos de los calificativos usados  para referirse a Santa Hildegarda, una de las mentes más prolíficas y sorprendentes de la religión, el arte y la ciencia de todos los tiempos. Hace casi un milenio que sus puntos de vista científicos fueron considerados sabios.

En efecto, desarrolló una intensa labor religiosa, científica, artística e incluso política, fundó dos monasterios y mantuvo correspondencia con reyes, emperadores y papas. En efecto, en su  obra científico-médico-farmacéutica tenemos la más original y sugestiva imagen de la idea que en la Edad Media se tenía de la relación del hombre con Dios y el cosmos que le rodea. Hildegarda plantea, pues, una visión de lo que ella entiende por Fisiología, Patología y Terapéutica. Escribió varios libros, algunos de ellos enciclopédicos, incluido dos tratados sobre Ciencia y Medicina, y Farmacia Physica y Causae et curae, en los cuales expuso gran cantidad de conocimientos sobre el funcionamiento del cuerpo humano  y tratamientos médicos de su época basados en las propiedades de los vegetales, piedras y animales.

En el libro de Medicina simple, Physica (Física), describe en nueve secciones o libros la utilidad para el hombre de las cosas creadas más comunes: las plantas, los elementos, los árboles, las piedras, los peces, los pájaros, los animales terrestres, los reptiles y los metales. Por su parte, el libro de Medicina compuesta, Causae et Curae (Causas y Curación de las enfermedades), es un tratado originalísimo de Medicina y Fisiología que comienza con la creación, el hombre y su dependencia del cosmos, y que contiene tres secciones puramente médicas que describen el funcionamiento del cuerpo, regulado por secreciones internas , cuyo desequilibrio provoca las diferentes enfermedades. Hildegarda describe los síntomas de cada una de las enfermedades, y ofrece una colección de recetas, muchas de ellas extraídas de la medicina popular, a las que suma las plantas que cultiva en el “huerto medicinal” de su monasterio. Los monasterios de la época, dieron un impulso notable y específico al desarrollo de la Farmacia al dotarse de boticas y huertos medicinales propios tan populares en la Edad Media.

Hildegarda defendía una dieta correcta y unos hábitos de vida saludables, alejados de extremismos, dando mucho valor a la salud integral. Desde la Farmacia, algunos autores contemplan su obra como el primer antecedente femenino de la profesión en Europa.