El ciclo «Jerez Siempre» retrocedió en el tiempo hasta la época de Asta Regia en la segunda sesión telemática de la Real Academia de San Dionisio, de Ciencias, Artes y Letras. En esta ocasión, Don Francisco Barrionuevo Contreras, arqueólogo del Museo Arqueológico Municipal de Jerez y presidente del Centro de Estudios Histórico Jerezano, fue el encargado de desarrollar «Asta Regia en el siglo XXI».

Tras las palabras del Excmo. Sr. Don Joaquín Ortiz Tardío, presidente de la Real Academia de San Dionisio, y la presentación del Ilmo. Sr. Don Eugenio Vega Geán, Académico Numerario de esta corporación, tomaba la palabra un Francisco Barrionuevo para comenzar explicando que Asta Regia, la antigua ciudad tartésica y romana, estuvo habitada desde el neolítico a época medieval y es el yacimiento arqueológico más importante del término Municipal de Jerez.

Durante gran parte de la antigüedad funcionó como el principal centro de poder político y administrativo de la campiña, jugando un papel similar al que desempeña la ciudad de Jerez en la actualidad.

La declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) del año 2000, como zona arqueológica, abarca un espacio protegido de 253 hectáreas que engloba la ciudad amurallada, las zonas de necrópolis, las áreas industriales, alfares, villas agrícolas, puntos defensivos y zonas portuarias. Este espacio se amplia hasta las 568 hectáreas con la delimitación del entorno del BIC.

Las investigaciones han incidido, hasta ahora, especialmente en la ciudad amurallada, en los antiguos trabajos realizados por D. Manuel Esteve a mediados del siglo XX y en la necrópolis oeste descubierta a finales de este mismo siglo.

En la actualidad se está analizando la documentación generada por los continuos trabajos del Ayuntamiento de Jerez, a través del Museo Arqueológico, y las recientes investigaciones con técnicas no invasivas de la Universidad de Cádiz (georradar y drones), con el objetivo de diagnosticar el estado del yacimiento y poder planificar futuras líneas de intervención.

A nivel de investigación resulta de sumo interés la época tartésica y la configuración de la ciudad romana e islámica, así como un estudio detallado de la necrópolis oeste. La puesta en valor como producto cultural, para disfrute de la ciudadanía, pasa por un primer acercamiento a la configuración del yacimiento y su inserción en el paisaje actual. El disfrute de los restos arqueológicos y su interpretación histórica requerirá previamente de una fuerte inversión en investigación y especialmente en conservación.