La Real Academia de San Dionisio, de Ciencias, Artes y Letras abrió sus puertas este martes 11 de febrero para celebrar el acto de toma de posesión de Ilmo. Sr. Don Javier E. Jiménez López de Eguileta como Académico Correspondiente. Este historiador y miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos fue presentado por el Ilmo. Sr. Don Juan Félix Bellido, Académico de Número y Presidente del Centro de Estudios Históricos Jerezanos.

El título de la conferencia fue «Los amigos de la Biblioteca de La Colegial (1935-1936). La gran oportunidad perdida». El recorrido de los pormenores de la gestación y desarrollo de esta asociación de prohombres jerezanos fue el fin principal de esta sesión.

La Biblioteca Capitular de la antigua Iglesia Colegial de San Salvador de Jerez de la Frontera hunde sus raíces en el mismo momento de la fundación de su Cabildo allá en el siglo XIII, cuando Alfonso X el Sabio conquistó para la Corona de Castilla la antigua Sharis islámica.

Desde entonces, el Cabildo Colegial comenzó a conservar interesantes obras bibliográficas de temática muy variada. Sin embargo, la Biblioteca Capitular se incrementó de forma muy notable con la donación por parte del jerezano Don Juan Díaz de la Guerra (1726-1800) de su biblioteca privada en 1793. De joven, su familia pudo sufragarle importantes estudios en Granada y Roma, donde llegó a ser auditor del Tribunal de la Rota. Entabló amistad con el rey Carlos III, quien le nombró obispo de Mallorca (1772-1777) y después de Sigüenza (1777-1800).

Fue un gran erudito en su tiempo y bibliófilo empedernido. Eso le hizo ir adquiriendo a lo largo de su vida una gran cantidad de libros ‒impresos y manuscritos‒ de muy diferentes materias: teología, filosofía, derecho, ciencias sociales, físicas, médicas, naturales e históricas, bellas artes y buenas letras. Al final de su vida, era poseedor de una de las bibliotecas privadas más importantes de España. Por amor a Jerez, su tierra natal, ordenó la donación de la misma al Cabildo Colegial de la ciudad, adonde llegó en 1798.

Un siglo después, la Biblioteca Capitular fue otra vez ampliada con una nueva donación; esta vez la correspondiente a la biblioteca particular de Don Baldomero de Lorenzo y Leal (1855-1907), uno de sus más doctos e insignes canónigos. Estaba compuesta de un gran número de impresos y manuscritos.

Posteriormente, ingresaron en la Biblioteca de la Iglesia Colegial más libros procedentes de otros canónigos de su Cabildo, que coronaron felizmente la rica biblioteca que es hoy, que por la antigüedad, diversidad e importancia de sus fondos la convierten en una biblioteca única y sin parangón dentro la provincia de Cádiz.

No obstante, la atención prestada a las obras y a su conservación no siempre fue la más adecuada, pues hasta finales del siglo XIX la Biblioteca no contó con unas dependencias exclusivas, donde custodiar debidamente este extraordinario legado. Ello implicó que buena parte de los fondos fueran afectados por xilófagos y por la humedad, lo que propició que algunos volúmenes se tuvieran por perdidos. Por esta razón, desde los albores del siglo XX son numerosas las denuncias de eruditos jerezanos ‒y también foráneos‒ del estado en que se encontraba. Lamentablemente, pocos frutos se alcanzaron entonces, salvo la labor callada de limpieza y catalogación que llevó a cabo el beneficiado Don José Hortas Cáliz (1865-1914) y que quedó incompleta por causa de su repentina muerte.

Habría que esperar hasta 1935 para que un grupo de prohombres jerezanos aunaran fuerzas para la que habría de ser la gran oportunidad de recuperación de la antigua Biblioteca Capitular. Liderado por Don Salvador Díez y Pérez de Muñoz, el grupo que surgió entonces aglutinó a buena parte de la alta sociedad jerezana, en una asociación cultural que, con el visto bueno del abad y cabildo, se vino en llamar Amigos de la Biblioteca de la Colegial. Junto a Don Salvador, dirigieron las actividades en favor de la misma Don Tomás García Figueras, Don Manuel Esteve Guerrero y Doña Josefina Díez Lassaleta. La cuota mensual que se acordó hacer entre los socios permitió muy pronto sufragar la desinfección y desinsectación de los volúmenes, así como el inicio de los trabajos de limpieza, conservación y catalogación. Por desgracia, el inicio de la Guerra Civil hizo que cesaran los ingresos de la cuestación, dando, por tanto, al traste con los nobles propósitos trazados.