La Real Academia de San Dionisio, de Ciencias, Artes y Letras retomó la actividad tras la Navidad, y lo hizo con el acto de toma de posesión como Académico Correspondiente del Ilmo. Sr. Don José Manuel Aladro Prieto, Doctor Arquitecto, Profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla y Miembro del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Además, esta sesión coincidió con el inicio del ciclo «Jerez, siempre», que se desarrollará durante los meses de enero y febrero. El Ilmo. Sr. Don Francisco Antonio García Romero, Vicepresidente de Letras de esta corporación y coordinador del ciclo, realizó una breve introducción de lo que serán las próximas sesiones académicas, así como los conferenciantes que protagonizarán las mimas.

Seguidamente, el Ilmo. Sr. Don Juan María Vaca Sánchez del Álamo, Secretario General de la Academia, dio lectura al acta en la que se aprobó el nombramiento de un nuevo Académico Correspondiente que fue presentado por el Ilmo. Sr. Don Andrés L. Cañadas Machado, Académico de Número y Secretario de Honor de esta Corporación.

Tras los diferentes prolegómenos llegó el turno del Ilmo. Sr. Don José Manuel Aladro Prieto, quien analizó cómo ha sido tratado el hecho bodeguero en los diversos instrumentos de planificación urbana que se han sucedido en la ciudad: desde la progresiva implantación del régimen liberal a principios del siglo XIX, que haría recaer sobre los ayuntamientos las cuestiones de policía urbana, hasta el Plan General de 1969, responsable en buena medida del Jerez contemporáneo. Las edificaciones del vino constituyen sin lugar a dudas la principal singularidad construida de la ciudad de Jerez. Condicionan, cualifican y dimensionan el espacio y el paisaje urbano, influyendo de forma decisiva en su planificación.

En uso de sus recientes competencias, el Cabildo jerezano acordó en 1837, en pleno despertar del sector vinatero, una norma básica que regulaba la ubicación urbana de las nuevas bodegas. Su aplicación fue dubitativa y los resultados heterogéneos, pero su promulgación generaría un conjunto bodeguero tipológicamente novedoso, con dos plantas; e induciría la aparición del anillo exterior que caracterizaría la ciudad bodega decimonónica.

El Acuerdo estaría vigente hasta la aprobación de las primeras Ordenanzas de 1878, que revalidarían la prohibición. En ese periodo se ejecutaría dos importantes proyectos urbanos destinados en su mayoría a proporcionar suelo a la muy pujante industria vinatera: el ensanche industrial de Vallesequillo, ejecutado poco después de la Ley de ensanche de 1864 y el único que tuvo la ciudad hasta la posguerra; y la ordenación de la calle Circo, el más interesante proyecto urbano del siglo XIX. En paralelo, el Tren del Vino constituiría en 1872, en la terminología actual, el Sistema General capaz de hacer funcionar la ciudad industrial.

El estancamiento del sector vitivinícola en la primera mitad del nuevo siglo se reflejaría en los escasos proyectos urbanos que conocemos para esta etapa. En su propuesta de Ensanche de 1928, el arquitecto municipal Rafael Esteve no contemplaría al sector vinatero entre los factores determinantes del modelo urbano, ni en las demandas ni en las propuestas.

No sería hasta la posguerra, en 1940, cuando Jerez contaría con un «Plan General de ensanche». El Plan reconoce la problemática generada por la actividad bodeguera del XIX, establece medidas para superarla, zonifica por vez primera la ciudad y propone una amplia zona industrial, al otro lado de la vía férrea, servida por la prolongación del Tren del vino.

Los años cincuenta contemplarán el despegue exportador del jerez y el nacimiento de la planificación urbanística española. La «Ley del suelo» de 1956 invalidaría el recientemente aprobado Plan General de 1955. Sin embargo, su propuesta de zona industrial, consolidada por el Plan General de 1959, constituirá el germen del futuro desarrollo bodeguero de la ciudad hacia el sur, en continuación con el frente SE definido en el XIX por González Byass y Domecq.

En los años sesenta y setenta el ascenso del jerez es vertiginoso. Las ventas se duplican década a década. El Plan General de 1969 surge, en este contexto, impelido por la elevada demanda de suelo industrial que requieren las empresas vinateras. Por primera vez se plantea una extensa superficie de suelo, al exterior de la Ronda de Circunvalación, específicamente para uso bodeguero. Un «barrio de bodegas» pensando con carácter industrial y también turístico. Una temprana propuesta enoturista en 1969.

Finalmente, el conferenciante llegó a los años 80. Tras la explosión de la burbuja exportadora, las interrelaciones entre Jerez y el jerez hubieron de redefinirse a partir de esta década. La ciudad actual es heredera de aquellos aciertos y fracasos, conocer su historia es imprescindible para entenderla. Una historia que, en palabras del hidalgo manchego, es «depósitos de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir».